Discurso del Presidente del CEOE y CEPYME Antonio Garamendi

INTERVENCIÓN DEL VICEPRESIDENTE DE CEOE Y PRESIDENTE DE CEPYME, D. ANTONIO GARAMENDI EN EL XII ENCUENTRO EMPRESARIAL IBEROAMERICANO

SESIÓN DE INAUGURACIÓN-14 DE NOVIEMBRE DE 2018-14:30 HORAS

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(Cerro Santo Domingo-Antigua-Guatemala)

Excelentísimo Señor Presidente de la República de Guatemala

 

Secretaria General Iberoamericana, querida Rebeca Grynspan.

Presidente del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras-CACIF, Estimado Marco Augusto García Noriega

Presidente del Comité organizador y representante de CACIF, amigo Tony Malouf.

 

Empresarios, señoras y señores,

Es una gran satisfacción intervenir en la inauguración del XII Encuentro Empresarial Iberoamericano, donde, como ustedes saben, se abordarán temas tan importantes como la contribución del sector privado a la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, el comercio, la inversión y la digitalización, entre otros.

Llegamos a este momento orgullosos de haber hecho los deberes desde la última Cumbre empresarial, que se celebró en Cartagena de Indias-Colombia, hace ya dos años. Durante este tiempo, hemos venido trabajando intensamente en el desarrollo de la hoja de ruta que entonces se definió para el período entre cumbres.

Hemos desarrollado un amplísimo programa de actividades, entre las que cabe destacar, la celebración del II Foro Iberoamericano de Mipymes-que tuvo lugar en Madrid los días 7 y 8 de marzo,  o la reunión preparatoria de este Encuentro Empresarial Iberoamericano- que tuvo lugar en Antigua los días 5 y 6 de septiembre de este año.

Todo ello con el ánimo de dar continuidad al trabajo y al cumplimiento de los mandatos del anterior Encuentro Empresarial.  

Respecto al Encuentro que hoy inauguramos, y sin ánimo de detenerme en cada uno de los temas de la agenda que nos ocupará estos dos días, sí he creído oportuno compartir con todos ustedes algunas ideas sobre las oportunidades y retos que plantea la Agenda 2030 desde una perspectiva empresarial, y concluir mi intervención con algunas reflexiones sobre el comercio y la digitalización.

La aprobación de la Agenda 2030 supone sin duda un cambio radical con respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, por sus principios de universalidad y responsabilidad compartida en la lucha contra la pobreza.

Representa un cambio de enfoque significativo con respecto a tiempos anteriores, ya que supone un reconocimiento explícito por parte de la comunidad internacional al importante papel que deben desempeñar las empresas en la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible.  

Su capacidad de gestión y movilización del talento humano, capital y conocimientos las convierten en actores imprescindibles para el logro de los objetivos y metas de la Agenda 2030, que los estados y las organizaciones no gubernamentales, no pueden acometer por su propia cuenta.  

Debemos destacar el reconocimiento expreso que se hace en la Agenda 2030 al crecimiento económico, las alianzas público-privadas, la inversión privada, el comercio y el diálogo social, como factores esenciales para impulsar y garantizar el desarrollo sostenible en el siglo XXI.

Sin embargo, es esencial que exista un entorno que les sea propicio a las empresas para responder de forma plena a los ambiciosos objetivos fijados en la Agenda 2030.  

En el caso de Iberoamérica, el enfoque que demos al papel que deba jugar la empresa en la Agenda 2030, adquiere mayor trascendencia, si consideramos la atomización del tejido empresarial y sus problemas de productividad, lastrados, entre otros factores, por el peso de la economía informal.  Para hacernos una idea sobre las especificidades de la estructura económica de Latinoamérica y el Caribe, deberíamos recordar que:

10 de los 11 millones de unidades económicas de la región son MIYPYMES que sólo emplean a un trabajador,

el 47% de la población activa, es decir, 135 millones de personas, trabajan en el sector informal de la economía,

la tasa de crecimiento per cápita promedio del PIB real en América Latina y el Caribe fue de un 2,40% al año entre 1960 y 2017, una cifra que sitúa a la región por debajo de Asia emergente, que fue de un 4,86% en ese mismo periodo, e incluso por debajo del resto del mundo, que fue de un 2,60%.

es necesario crecer al 5 o al 6% durante los próximos veinte años para reducir la pobreza y permitir que la región dé un salto en los niveles de renta, lo que solo podrá alcanzarse con incrementos sostenibles en la productividad en un contexto de diversificación productiva y comercial.  

En definitiva, el nivel de éxito de la Agenda 2030 en la región dependerá de en qué medida seamos capaces de afrontar y superar los problemas que han impedido un mejor desempeño económico de la región en los últimos años, como pueden ser las imperfecciones del mercado financiero, el régimen fiscal desigual, la aplicación defectuosa de las normativas laborales, los altos costes de entrada y otras barreras a la competencia o el déficit de formación e innovación.

No menos importante es que se prosiga con el proceso de apertura comercial basado en reglas compartidas, tanto en el marco de la Organización Mundial del Comercio, mediante una mejor aplicación de las reglas vigentes y la apertura de nuevas negociaciones plurilaterales, como de los procesos de integración regional.

Este último punto, de gran relevancia para que las empresas locales accedan a un mercado de mayor magnitud, representa, junto a la productividad, una de las grandes asignaturas pendientes de la región.

En este sentido, resulta sintomático que el comercio intraregional solo suponga el 16,8%, cifra que contrasta con las de otras regiones, como Europa y Asia, donde se sitúa entre el 60 y el 70%, y que, en parte, explica que el conjunto de las exportaciones e importaciones de la región solo supongan el 7,12 y el 7,21% sobre el total mundial. 

Por todo ello, es necesario que se profundice en los procesos de integración regionales, como MERCOSUR, la Alianza del Pacífico o SIECA, al tiempo que se siga impulsando el desarrollo de redes de transporte y hubs logísticos regionales, con el apoyo de los bancos regionales de desarrollo, que son decisivos para la captación de los fondos privados necesarios para acometer las enormes necesidades en el sector de infraestructuras.

No quiero terminar mi intervención sin hacer hincapié en la necesidad de aprovechar al máximo las ventajas sociales y económicas que ofrece la revolución digital. 

Debemos afrontarlo como una gran oportunidad que permita al conjunto de nuestras sociedades dar un salto cualitativo en términos de desarrollo y situar al conjunto de los países iberoamericanos entre los más avanzados del mundo.

Ello requiere por parte de nuestras Autoridades Públicas la amplitud de miras necesarias para fijar un entorno favorable que facilite el desarrollo, la difusión y la aplicación de las nuevas tecnologías.

En la reciente propuesta para la digitalización de la sociedad española, titulada Plan Digital 2025, proponemos una serie de medidas que, de aplicarse, contribuirían a incrementar un 3,2% el PIB hasta el año 2025 y crear 250.000 nuevos puestos de trabajo, situando a España en una posición de liderazgo digital.

Sobre el Consejo de Empresarios Iberoamericanos -CEIB-, fundado en Madrid en 2015, me gustaría recordar que tiene como principal objetivo representar a los empresarios iberoamericanos en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, así como ante las principales instituciones multilaterales y regionales. 

Constituye, gracias a las 23 organizaciones empresariales más representativas de la Región, España y Portugal, una plataforma inigualable en la comunidad de naciones iberoamericanas, que permite reforzar los lazos empresariales, intercambiar buenas prácticas y desarrollar iniciativas conjuntas.

En su permanente vocación de situar a la empresa en el centro de todos los debates políticos, económicos y sociales de Iberoamérica, CEIB representa el canal idóneo para debatir, consensuar y, después, transmitir a los gobiernos iberoamericanos nuestros planteamientos en numerosos ámbitos que influyen en el desarrollo y en la competitividad de nuestras empresas.

Por último, espero y deseo que el XII Encuentro Empresarial Iberoamericano, sea productivo y exitoso para todos ustedes, dado que es el marco más idóneo para la puesta en común de los intereses y preocupaciones de las comunidades empresariales de toda la Región.

 

¡Bienvenidos y muchas gracias!

Carla Rocío