¿Por qué ha sobrevivido la UNE?

Por Jonatan Lemus

Publicado 02/06/2019

Quizás la principal paradoja del proceso político desarrollado en Guatemala a partir de 2015 es que, a pesar del rechazo rotundo de los ciudadanos a los actores políticos tradicionales, un partido político de la vieja escuela, la Unidad Nacional de la Esperanza, y su líder, Sandra Torres, se plantean como virtuales ganadores de las elecciones generales, al menos en la primera vuelta. ¿Cómo explicar esta contradicción? ¿Hacia dónde se podría dirigir esta tendencia?

Para empezar, es importante analizar al partido político y su trayectoria. La UNE ha sido la única organización política de la historia reciente en sobrevivir luego de haber ejercido el poder. Elección tras elección, dicho partido ha logrado alcanzar por lo menos un millón de votos, lo cual le permite tener una presencia importante en el Congreso y en los gobiernos locales.

¿A qué se debe esto? Algunos han argumentado que el desempeño en el gobierno es una variable clave para explicar la desaparición o sobrevivencia de los partidos. Bajo esta lógica, se podría argumentar que los programas sociales impulsados por Sandra Torres generaron una base de votantes que apoya su retorno a la Presidencia. Sin embargo, esta hipótesis no explica la sobrevivencia del partido pues implicaría que, en general, la administración uneísta tuvo un mejor desempeño que la de otros partidos políticos, lo cual no se evidencia en las encuestas de popularidad de dicho gobierno.

Desde mi perspectiva, una visión de los partidos como marcas podría ser más apropiada. Esta teoría argumentaría que los partidos sobreviven en la medida que sus miembros optan por invertir en la marca colectiva. En ese sentido, la UNE no ha desaparecido porque aún no ha logrado la razón de su existencia: llevar al poder a Sandra Torres.

¿Por qué se han mantenido los incentivos para apoyar la candidatura de Torres? Una posible respuesta es que Torres ha logrado consolidar su imagen como una administradora pragmática, quien entiende la política como un ejercicio de intercambio de beneficios materiales a cambio de apoyo político. Además, cuenta con el apoyo de un grupo de diputados, alcaldes y burócratas del Estado, con amplio conocimiento de la política tradicional. En dicha relación de intercambio, los actores obtienen beneficios de contribuir a su plataforma colectiva.

No obstante lo anterior, si la teoría de las marcas se sostiene, entonces el destino de la UNE no sería diferente al de otros partidos. En efecto, de llegar al poder, los diputados y alcaldes buscarían una nueva organización para mantenerse vigentes en las siguientes elecciones. Pero, es aquí donde la trayectoria del partido se ve beneficiada por los giros inesperados de la política nacional. Hoy la UNE tiene a su favor un alto grado de inestabilidad política, el debilitamiento de actores políticos clave como miembros del sector privado y el Ejército, una nueva Ley Electoral que limita el surgimiento de nuevos actores, y sobre todo, el traspaso de poder en instituciones del Estado como la Corte Suprema de Justicia, Contraloría General de Cuentas, y luego, la Corte de Constitucionalidad en 2021. En este nuevo escenario, Sandra Torres podría tener suficiente fuerza para promover la posibilidad de una reelección. Con esto, se aseguraría que los miembros de su partido sigan invirtiendo en la marca UNE y de esta manera, evitaría el fatídico destino de las organizaciones políticas en Guatemala.

Por tal razón, estas elecciones se convierten en un momento clave para la historia del país. Si bien, no se observan condiciones para el surgimiento de un régimen autoritario como el venezolano o el nicaragüense, sí existen los factores para un autoritarismo competitivo, en el que se mantiene la fachada de una democracia, pero en la práctica, un actor político tiene suficiente poder para someter a la sociedad civil, las cortes, el legislativo, y la prensa independiente bajo su control. Las acciones de la candidata en las últimas semanas podrían confirmar esta preocupación.