Propósitos del año electoral: calidad democrática, legitimidad institucional y crecimiento económico

Por Claudia Galán

Publicada 13/01/2019

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Con la llegada del nuevo año, nos encontramos muy positivos, llenos de metas y propósitos, pero con muchas expectativas sobre la vida política del país tras las elecciones este 2019. En Guatemala y otros cinco países de América Latina surgen diversas dudas frente al panorama electoral: ¿Cuáles son las tendencias políticas? ¿Hacia dónde va políticamente Latinoamérica en 2019? ¿Qué implicaciones tendrán las elecciones en estas economías?

En apenas dos años, 12 de los 18 Estados de América Latina elegirán a sus nuevos presidentes. En 2018, seis países latinoamericanos celebraron elecciones y en 2019, otras seis economías esperan también sus comicios.

El año pasado las tres economías más pobladas de la región eligieron nuevo gobierno: Colombia, México y Brasil. Mientras que Costa Rica, Paraguay y Venezuela también

eligieron mandatario el año pasado.

Para este año son nuevamente seis países de la región, entre ellos tres centroamericanos, que decidirán el futuro político: Guatemala,

El Salvador, Panamá, Bolivia,

Argentina y Uruguay.

Aunque los procesos electorales en la región se celebrarán en contextos diversos, existe un común denominador: innumerables casos de corrupción que minan la credibilidad de la calidad democrática de los países.

Lo anterior se confirma con los datos del conocido estudio “The political culture of democracy in America”, publicado en 2017 por el Barómetro de las Américas (LAPOP), a través de encuestas realizadas en 2016-2017, en 29 países de América con más de 43 mil entrevistas.

En promedio, la población en América Latina percibe altos índices de corrupción en los políticos. El 82.9 por ciento de los encuestados señala que más de la mitad de los políticos en sus países están relacionados con casos de corrupción, mientras que un 14.4 por ciento estimó que menos del 50 por ciento son corruptos, y solamente un 2.7 por ciento considera que no se encuentran envueltos en casos de corrupción.

Según esta medición, el apoyo a la democracia en la región ha caído un 12 por ciento durante la última década, pasando de casi un 70 por ciento a un 58 por ciento.

Por otro lado, el apoyo a las elecciones también ha evidenciado una caída importante en el mismo periodo, de 61 por ciento a 39 por ciento. Por último, y no menos importante, la confianza en los partidos políticos ha caído en sus niveles más bajos durante las últimas dos décadas.

Por si fuera poco, el crecimiento económico de la región es bajo: 1.7 por ciento para 2017, 1.2 por ciento para 2018 y se prevé 2.2 por ciento para el 2019, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos datos demuestran que el acontecer político en la región, en particular en Guatemala, se encuentra dominado por tres tendencias muy marcadas: baja credibilidad en la calidad democrática, desvinculación hacia los políticos y los partidos, y débil crecimiento económico.

Durante los últimos años, la calidad de la democracia en América Latina se ha visto deteriorada. Para 2019 se anuncian nuevos líderes políticos para seis países latinos acompañados de una ola de corrupción que impera en la vida política, y con ello una creciente fragmentación y escasa participación ciudadana que mina la legitimidad institucional, ya muy baja.

De estos resultados electorales dependerá el camino para solventar los principales problemas de nuestros países, y en el caso particular de Guatemala, mejorar la calidad institucional que se traduzca en menores índices de corrupción en aras de alcanzar mayor inversión y más crecimiento para el país. De no ser así, estaríamos condenando al país a una crisis política aún más compleja y sostenida en el tiempo.