Una fiscal general de lujo

Por Laura Castañeda

Publicado 12/08/2018

He tenido la oportunidad de escuchar la interlocución de la señora fiscal María Consuelo Porras Argueta sobre el plan de su gestión al frente del Ministerio Público.

Muy buena impresión causa su presentación como persona y profesional, y su exposición sobre el trabajo que adelanta.

La claridad y conocimiento que tiene sobre la institución, el sistema judicial guatemalteco, su accesibilidad para tocar todos los temas, y sobre todo su “don de gentes” para contestar sin arrogancia, enojo o doble intención todas las preguntas que se le hacen, es la “nueva escuela” del Ministerio Público que ya se posiciona como su sello personal.

La señora Porras se presenta sencilla en su acceso a los recintos donde llega. Es indiscutible que tiene que tener seguridad para su desplazamiento, y es una seguridad acorde al riesgo del desempeño de su cargo. Pero el lenguaje corporal de ella y los elementos a cargo de su seguridad es amable y respetuoso, no molesta, por el contrario es objeto de comprensión por parte de las gentes con que se cruza.

Ya entrando en materia sobre el fondo de su gestión, la señora fiscal se presenta como una persona que ha dedicado más de 35 años de su vida al trabajo del fortalecimiento del sistema de justicia. En este orden de ideas, la vida le ha dado esta gran oportunidad de servir a esa causa por medio de la dirección de esta importante institución que hemos visto llenarse de denuncias e investigaciones “a la carta y express” que pese al esfuerzo de su gente, tiene resultados que dejan mucho que desear.

En los años recientes hemos visto la transformación del MP que se manifiesta en fiscalías abarrotadas de investigaciones débiles, procesos judiciales con serias deficiencias y sobre todo politización de la justicia, lo cual representa un verdadero daño al Estado de Derecho.

Este último desafío es quizá de los mayores retos que tiene que afrontar la doctora Porras. El impacto en la erosión de las instituciones jurídicas de justicia penal, a causa de la politización de los casos, es un daño que tardará muchos años en revertirse y quizá en algunos casos nunca se logre.

Ella está consciente que el mayor baluarte para lograr resultados en su trabajo es la gente a quienes llama “el corazón de la institución” a quienes exhorta constantemente que actúen con calidad, calidez humana y sobre todo ética profesional.

Lo llena a uno de fe y esperanza la forma en que ella enfoca su discurso haciendo énfasis en que durante su gestión ella será garante de que la ley “se cumpla”. Ella está comprometida con lograr que la institución y sus colaboradores aumenten el alcance de efectividad de trabajo y se basen en un modelo de “Justicia Abierta” sin descuidar los resultados que están obligados a dar como funcionarios públicos.

Guatemala atraviesa un momento de la historia muy complejo en donde el Ministerio Público está jugando un papel protagónico. Creo que la doctora Porras está más que consciente de la gran responsabilidad que tiene en sus manos para que este papel en la historia se documente con los más altos índices de ética y responsabilidad, sin hipotecar la justicia ni los valores morales y deontológicos que como abogada y mujer debe salvaguardar.

Por todo lo anteriormente expuesto sirva este espacio para responder positivamente al llamado que ella hiciera el día de su toma de posesión sobre la reflexión del país que queremos y el rol que desempeñamos en la sociedad. Es nuestra harta obligación apoyar el esfuerzo de reconstruir la institucionalidad del Ministerio Público desde la perspectiva netamente jurídica siendo fieles al fin de su existencia, para conseguir en beneficio nuestro y de las generaciones futuras una institución auxiliar de la justicia que vele por el irrestricto cumplimiento de las leyes del país.

Adelante doctora, por usted y sobre todo por Guatemala, ¡le deseo todo el éxito en su gestión!

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