De la responsabilidad social hacia la sostenibilidad: herramientas modernas de la competitividad empresarial

Por Janio Rosales

Publicado 18/05/2018

En una coyuntura cargada de constricciones políticas, económicas y sociales, fenómenos como la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se constituyen como nuevos mecanismos de concertación y gestión multisectorial e institucional propicios para buscar respuestas innovadoras y eficientes para atender los profundos retos sociales que aquejan a las sociedades modernas y en amplia medida a los requerimientos que los mercados internacionales suscriben a las empresas dentro del marco del desarrollo para 2030.

Actualmente, vemos como varios países de la región se ven sumergidos en complejas crisis económicas, políticas, institucionales y sociales. El desasosiego parece invadir a una ciudadanía cansada de la corrupción política, el fraude, el clientelismo y la ineficiencia de las instituciones públicas, esto no es lejano a nuestro país que vive un momento álgido en su historia. De igual manera las informaciones que nos invaden cada día son preocupantes y vemos como los riesgos de operación para las empresas  y la atención de las necesidades sociales son cada vez más complejas y difíciles de atender, las causas estriban desde debilidades estructurales históricas, asimetrías económicas, corrupción política y falta de orientación de las políticas públicas y planes de gobierno, la posición geoestratégica de un país hasta los fenómenos naturales acelerados a partir del Cambio Climático, por ejemplo:

§  En el puesto 143 se encuentra Guatemala, con una puntuación de 28, de una lista de 180 países evaluados por la organización Transparencia Internacional.

§  En el puesto 116 se encuentra Guatemala de 190 países en el ranking del Doing Business del presente año.

§  Los costos, gastos, pérdidas e inversiones en que incurren los hogares, las empresas y el Estado en relación con el fenómeno de la delincuencia le costaron a Guatemala el 3.04 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), estimó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

§  Se proyecta que, en 2050, 9 mil millones de personas habitarán el planeta tierra, de las cuales 6 mil millones habitarán en ciudades. Esto representa un desafío considerable para los estados y empresas.

De acuerdo con el Pacto Mundial de Naciones Unidas (Global Compact), las empresas y especialmente las de gran tamaño, son la principal fuente de crecimiento económico y generación de empleo y, como tales, se encuentran en el núcleo del desarrollo económico y social dentro del contexto internacional. Por lo tanto, las empresas juegan un papel importante en cualquier economía desarrollada y particularmente relevante en muchas economías en vías desarrollo o emergentes.

Las empresas contribuyen desde esta lógica al crecimiento económico futuro a través de su cadena productiva, de su ciclo de mejora continua y a la búsqueda de la innovación, todos factores que promueven la competitividad mediante el desarrollo de capacidades y la transferencia de la tecnología más avanzada a los ciudadanos, por ende las empresas se constituyen en el motor más eficiente para propagar la corriente de la RSE y la sostenibilidad, pero no son los únicos, el rol del Estado y el buen funcionamiento de sus instituciones es imperante para llevar esto a la realidad y en este aspecto debemos seguir trabajando, un país con institucionalidad débil no puede generar un ambiente propicio de negocios y sin un ambiente adecuado las empresas no podrán aportar el valor para conseguir el desarrollo económico de un país. Estas tensiones requieren de madurez política, de una buena praxis empresarial, una auditoría ciudadana y sobre todo una adaptación a los nuevos paradigmas del mundo moderno.

Por ello, es necesario que las empresas vean la situación y retos sociales, económicos y ambientales actuales, y procuren construir un futuro sostenible a través de diversas estrategias como lo son: buenas prácticas laborales, gobierno corporativo, sistemas de cumplimiento del régimen legal, elaboración de reportes de sostenibilidad, protección al medio ambiente en todo proceso productivo, incidir en la esfera de política pública, entre otras.

Si bien la naturaleza y la responsabilidad de los gobiernos es otra muy distinta a la de las empresas; no podemos olvidar que en esta "aldea global dentro del marco del Desarrollo Sostenible" las actuaciones de unos son tan importantes como la de otros. Esto ha llevado a que las expectativas sociales hacia estos actores sean en la actualidad cada vez mayores y sean los mismos ciudadanos y consumidores mejor informados, y que cuentan con mayores herramientas de presión (redes sociales), los que sancionen a las instituciones y a las empresas que no se plantean su rol e inversión en la generación de Valor Compartido. En ese sentido, las empresas líderes en el mercado serán aquellas que contribuyan a suplir con los retos globales.

Finalmente, se puede concluir que la competitividad, la responsabilidad social y la sostenibilidad, parten de una actuación ética, transparente, socialmente responsable y corresponsable y de firme cumplimiento de ley, así como de generación de Valor Compartido a partir del compromiso que las organizaciones empresariales e instancias públicas puedan construir a través de alianzas público-privadas, solo bajo este esquema de articulación podremos superar los agrandes retos que afronta nuestro país.