Polarización teledirigida

 

Por Mario Yon

Publicado 13/05/2018 

a polarización política impera en Guatemala y en el mundo, esto no va a cambiar por ahora. Parte de la explicación puede encontrarse en la forma en que funcionan las redes sociales que, para bien o para mal, influyen en la política nacional enormemente.

El politólogo Giovanni Sartori anticipó y criticó fuertemente el efecto de la política televisada y contada en imágenes. El ensayo de Sartori, Homo Videns, describe lo que para el autor es una atrofia en la capacidad de entender del ser humano, del Homo Sapiens. La forma de pensar que nos diferencia de los animales es la capacidad de abstracción, nuestra capacidad simbólica. La capacidad de entender ideas por medio de la palabra oral o escrita, de crear y plasmar conceptos e ideas abstractas y complejas. Este “lenguaje palabra” es lo que permite el pensamiento crítico: por medio del “lenguaje palabra” se reflexiona lo que se dice y lo que otros dicen.

El uso intensivo de la televisión y las redes sociales “atrofia” esta capacidad, la capacidad de entender, de criticar, de debatir. El lenguaje simbólico del “lenguaje palabra” es sustituido por el lenguaje perceptivo y concreto de la imagen (en su forma más básica), “infinitamente más pobre” en connotación.

Debe aclararse que la conectividad de la televisión, luego intensificado por el Internet, ha sido uno de los grandes avances de nuestra especie. Eso no quiere decir que no haya profundos efectos negativos en aspectos sociales, como el político.

Si aceptamos la tesis de Sartori debemos considerar ciertos efectos políticos negativos. La vida televisada intensa crea un nuevo tipo de ser humano, un ser que crece y se forma por medio de imágenes, no por medio de la palabra abstracta, un Homo Videns, no Sapiens.

¿En qué tipo de sociedad viviríamos con ciudadanos que no son capaces de pensar de forma crítica los slogans, frases, memes y # a los cuales son expuestos constantemente? “Hipotéticamente”, claro.

En el mundo político del telever hay tres aspectos a tomar en cuenta. En los medios, en los candidatos y en los Homo Videns (no son solo los millenials). Los medios de comunicación e “influenciadores” seleccionan consciente o inconscientemente lo “importante”. Ponen en el foco sucesos que consideran relevantes, pero al visibilizar también invisibilizan. Crean una “realidad” –por medio de una narrativa– incompleta, “teledirigen la política”. La pregunta no solo está en lo que se hace visible, sino en lo que NO se hace visible.

Los medios e “influenciadores” buscan llamar la atención del público, de estimularlo. Inconscientemente, y no siempre, desinforman. La telerrealidad favorece lo agresivo y excéntrico, es estimulante. Se ataca sin fundamento, ser serio es acusar al “otro”, ser un charlatán es gracioso. Importa poco la profundidad de la idea, si la hay.

El político se enfoca en el “espectáculo”, en lo que entretiene, en lo que estimula, no necesariamente en lo importante. El candidato se vuelve una imagen: la forma de su cara, su mirada, los colores de su ropa. No importa su mensaje ya que él es el mensaje. La telepolítica favorece candidatos que se miren “bien” con mensajes ambiguos en donde cada quien interpreta lo que quiera.

El Homo Videns en esta época vive en un ambiente empobrecido. Cree que la “información” es “contenido”, y que saber es lo mismo que conocer. Su vida política termina convirtiéndose en una “aldea nación” –Nimmo y Combs– en donde se separa y se aísla en función de los grupos a los que se afilia. Pierde el sentido básico de civilidad: el de escuchar al otro. Cree que la excentricidad y agresividad de la (i)realidad virtual se traduce tal cual en el mundo físico.

El FBI afirma que el gobierno ruso –aparentemente– fomentó la creación en redes de “aldeas nación” en EE. UU. durante las elecciones. Estas aldeas se enfrentan y polarizan, todos pierden. Memes, eslogans, #, eventos, fake news, desinformación.

Las redes no cambian formas de pensar, más bien movilizan y “activan” ciudadanos. Hacen más fácil la manipulación de prejuicios políticos.

Esto no va a cambiar en el corto plazo. Pero –al menos– medios e “influenciadores” deberían estar conscientes del efecto político que causan en una sociedad para actuar de manera responsable en un mundo complejo y pobre en contenido y pensamiento crítico.