¿Bienestar subjetivo?

Por Claudia Galán

Publicado 040418

Quizás uno de los índices menos citados es el que mide la felicidad de los países. Este informe es el sexto en publicarse después de 2012, realizado por el Earth Institute de Columbia para las Naciones Unidas, a partir de datos de encuestas de 156 países realizadas entre 2015 y 2017.

Entre los hallazgos más importantes para el informe del presente año, el país latinoamericano más feliz fue Costa Rica ocupando el puesto 13 en el ranking. Pero la sorpresa para muchos y regocijo para otros, fue que Guatemala ocupó el séptimo país más feliz en Latinoamérica en la posición 30 de este ranking, superando a países como Uruguay (31), Colombia (41),  Ecuador (48), Perú (65) y República Dominicana (83).

Este informe mide la felicidad en 156 países de acuerdo a sus ingresos, la esperanza de vida, el apoyo social, la libertad para tomar decisiones, la percepción de corrupción y la generosidad.

Curiosamente una de las variables estudiadas es la percepción de corrupción, misma que causó una profunda consternación pública en Guatemala que cumple ya 3 años tras desatarse una profunda crisis política. Este flagelo parece mostrar cada día mayor indignación, al extremo que muchos guatemaltecos aseguran que no alcanzaremos desarrollo hasta que la corrupción se encuentre derrotada.

Por tanto, ante el actual panorama político incierto, es complicado pensar en que una nación sea “feliz”.  Surge entonces la duda si no hablamos de un bienestar subjetivo, es decir, una felicidad ante dos dimensiones.

El premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, distinguía el bienestar valorativo del experimentado. El primero, se atribuye a juicios de valor sobre la vida y el entorno. Son todos aquellos calificativos que se refieren a las diferentes concepciones de bienestar. Mientras que el experimentado se define a través de vivencias. Es por tanto más real, palpable y objetivo.

En este sentido, se puede decir que los guatemaltecos vivimos de una forma pero evaluamos de otra. Es por ello que la medición de la felicidad o el bienestar es subjetiva.

Es así como para determinar el bienestar experimentado vale más la pena centrarse en las experiencias vividas, las situaciones del ayer. De esta forma se pueden diferenciar aquellas experiencias negativas y positivas; así determinar valores de felicidad de acuerdo a distintas variables como puede ser el caso de la percepción de corrupción.

Resultaría interesante observar los resultados para nuestro país si nos guiamos por el bienestar experimentado, veríamos que en 2015 no apareceríamos con el mismo nivel de bienestar que para el presente año.

Vale la pena cuestionarse si no es esta misma subjetividad la que impide converger hacia una visión clara y objetiva para alcanzar un país más próspero y desarrollado.