¿Cómo quitar las máscaras a los candidatos presidenciales?

Por Lesly Veliz

Publicado 2/12/2018

Recientemente leía una nota en un medio de comunicación en la que se enumeraban las señales para identificar un billete falso. El artículo me hizo pensar en que una guía similar necesitamos los guatemaltecos, pero enfocada a los candidatos presidenciales.

En años anteriores, a unos meses de la convocatoria ya se veía con más claridad la oferta de los partidos políticos, y aun así, ha resultado complicado elegir al más idóneo. Ahora, con la convocatoria casi a la vuelta de la esquina y con vacíos legales terribles, el evento se ve deslucido y los perfiles de presidenciables no terminan de convencer.

En el mundo alterno de las redes sociales ya empiezan a surgir las tradicionales descalificaciones y las discusiones vacías que, en lugar de ayudar en tan difícil elección, solamente confunden más a los potenciales electores.

Pero existen otros espacios, como los foros y debates, donde quizá la experiencia sea mejor y el panorama pueda verse con más claridad. De hecho, en algunos de estos encuentros han surgido recomendaciones interesantes que pueden ser el comienzo de esa guía para identificar a quienes no son más que apariencias.

Por ejemplo, en el panel Perfil idóneo del candidato a Presidente de la República, organizado por la Asociación de Gerentes de Guatemala (AGG) se exponía la importancia de la coherencia. Los panelistas insistían en la necesidad de observar cuidadosamente que el candidato tenga un discurso coherente con sus valores de vida, e incluso, con su discurso en redes sociales. En este sentido, vale la pena explorar sus redes sociales, con quiénes ha interactuado y la forma en que lo ha hecho; de igual forma, que no sea una persona que cambie sus argumentaciones a conveniencia, según lo exija la coyuntura o la popularidad.

En un foro de estudiantes universitarios, se sugería también grabar los discursos y observarlos posteriormente con detenimiento para “leer entre líneas”. El profesor comentaba: “si usa a Dios como eje del discurso, veamos qué tanto refleja a ese Dios en su vida fuera de las cámaras”. Este detalle puede ser prejuicioso, es cierto, porque es posible que alguien utilice la fe de las personas para manipularlas, pero también puede ser auténtico. Pese a ello, es un buen consejo detenerse a reflexionar sobre el pilar en el que se construye el discurso.

Un tanque de pensamiento también ha lanzado el reto a los candidatos sobre responder cómo generar los empleos formales que demanda la población guatemalteca. Esto nos lleva a un tercer punto por considerar: ¿Plantea el binomio metas realistas y cuantificables? Este factor es quizá algo muy elemental, pero muchas veces (casi todas) se nos ha pasado por alto. ¿Recuerdan cuando el Partido Patriota ofreció reducir la desnutrición crónica en un diez por ciento? Casi a la mitad del mandato recularon y dijeron que quizá alcanzarían únicamente el seis por ciento… Si hacemos el ejercicio con otros gobiernos, veremos cómo se han quedado muy cortos en las metas trazadas como promesas de campaña.


Lo anterior nos lleva a un cuarto punto. La plataforma sobre la que el binomio construye su mandato. Tanto en el panel de la AGG como en una charla impartida por un observatorio ciudadano, se insistía en la fragilidad de los partidos políticos. Nos hemos acostumbrado a ver al candidato, pero poco meditamos sobre la base partidaria. Muchos partidos se construyen de la noche a la mañana, sin formación y sin una ideología clara; aunque el tiempo que tienen de existir no es garantía de transparencia, sí lo es la forma en que han escogido a sus candidatos en las distintas contiendas. Si han improvisado y elegido al que mejor paga, ¿considera que tiene la estabilidad para echarse a los hombros el destino del país?

Y esto me lleva a una quinta señal. El binomio es importante, al igual que el candidato, pero también es necesario aprender a observar a las figuras que permanentemente les acompañan. Esto último, también en las redes sociales, pues nunca faltan quienes asumen la tarea de elevarles el perfil (discreta o descaradamente) en muchas ocasiones con recursos ilegítimos y cuestionables.

Sobre este punto, un respetado analista político me comentaba: “Es recomendable ver cómo la persona responde a la crítica, pero ponga atención a cómo reacciona el candidato (o el potencial candidato) a las adulaciones. Esta es una señal de alerta, pues hay muchas figuras públicas que se han acostumbrado tanto a ser idolatrados, que eso ya los desenfoca de la verdadera meta, que es trabajar por el país”.

Y usted, ¿qué otras alertas sumaría a la guía para identificar la hipocresía en los candidatos?

CACIF