Nada peor que una respuesta “estacional”

Por Lesly Veliz

Publicado 15/10/2018

En Guatemala nos hemos acostumbrado a tratar los temas “estacionalmente”. Por ejemplo, a punto de comenzar las lluvias recordamos los desbordes de ríos y deslaves que ya, incluso, han borrado del mapa a comunidades enteras. Cuando se acerca el verano, vienen a la mente las sequías y la crisis alimentaria que eso representa, particularmente para quienes habitan el Corredor Seco del país, el cual se ha hecho más extenso en los últimos años, según estudios de la FAO.

En octubre, cuando pasa la emoción de las ceremonias de graduación del diversificado, volvemos a hablar de la falta de empleo que estos jóvenes afrontan. Según el Ministerio de Trabajo, no menos de 150 mil jóvenes se gradúan cada año, y según su Observatorio de Mercado Laboral, el sector productivo genera de 35 mil a 40 mil puestos formales anualmente.

El panorama es muy incierto, y no solo para los recién graduados que salen del colegio dispuestos a conquistar el mundo, sino también para sus padres, quienes durante 14 años en promedio invirtieron una fortuna (para el guatemalteco promedio) en la educación de sus hijos. Para muchas de esas familias, el compromiso con los hijos termina con el diversificado, aunque guardan la esperanza de que sean ellos mismos quienes cubran los gastos de una carrera universitaria. Lo anterior, sin un empleo, tiende a quedarse en la gaveta de pendientes.

Ni las lluvias, ni la sequía y mucho menos la educación, deben verse como problemas “estacionales”. Es urgente que cortemos de tajo la visión cortoplacista que nos caracteriza como sociedad, y la reemplacemos por una estrategia de país que sepa trascender.

En esa estrategia deben incluirse temas como la atracción de inversiones, pues esa oferta laboral que ahora se tiene debe duplicarse, como mínimo, para dar un impulso a los sueños de tantos guatemaltecos, muchos de ellos, jóvenes.

El combate frontal contra la corrupción es otro eje toral. Es indispensable que los recursos se utilicen de forma transparente en todas las instituciones y lleguen a atender las necesidades que el Estado enfrenta. Carreteras, calidad educativa, planificación urbana y cobertura integral de servicios básicos son necesidades urgentes que solo pueden cubrirse con un gasto público eficiente.

Un tercer componente, a mi criterio, debe partir de una elección sabia. Un plan no puede avanzar si no hay un líder que sea capaz de ponerlo en marcha, y es aquí donde 2019 se convierte en un año trascendental. No podemos acudir cual autómatas a las urnas, sino con un convencimiento pleno de que no estamos ya para decisiones “estacionales”. No necesitamos un apagafuegos ni un dictador, sino a alguien sabio, con capacidad de diálogo y auténtico liderazgo. Sé muy bien, estimado lector, que se preguntará en este momento dónde se encuentra una persona con tales atributos y le respondo con tristeza que yo tampoco lo veo aún. Sin embargo, no pierdo la esperanza de que se perfile pronto y con una organización política que inspire respeto.

Quizás esto último ha sido la pata coja de la mesa: la ausencia de partidos políticos que funcionen como instituciones serias de formación de liderazgo. Hasta hoy, solo vemos vehículos electorales que desaparecen, carcomidos desde adentro, por su propia ambición.

De nuevo, esto ocurre porque los partidos políticos se ven como herramientas de ocasión, o como los caballos de carreras que solo sirven para que el jockey llegue a la meta.

Quizás este es un cuarto tema que la visión integral debe considerar. Se trata de la opción de formar líderes políticos que trasciendan elecciones; que sepan hacer oposición limpia y sirvan de inspiración para que más representantes de la juventud aspiren a esos roles.

Considero que la academia debe jugar un papel más activo en ese sentido. No se trata de promover el activismo en las aulas, sino incentivar la participación con esa visión de país que debe alejarse de la euforia momentánea de una manifestación y trascender al deseo de proponer, involucrarse y participar.

Si aprendemos a ver más allá de los temas de temporada, aprenderemos a construir país y trascenderemos de los sentimentalismos a las acciones que realmente respondan a las necesidades de todos.

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