Los “forty-niners” de la tecnología

Por Devadit Barahona

Publicado 28/01/2018

La industria de tecnología se encuentra en crecimiento desde hace varios años y está a la espera de un repunte de inversión a nivel nacional. Si bien hay casos en donde algunas empresas o personas individuales han invertido en temas de hardware y software, aún falta crear un verdadero ecosistema de capital semilla enfocado a esos emprendedores que generan innovación en este sector.

Recientemente estuve en El Salvador, y en una reunión me compartieron detalladamente sobre incubadoras del vecino país y cómo el modelo aporta y le otorga el rol en la sociedad a esos emprendedores.

Definitivamente hemos tenido intentos y casos de éxito en Guatemala, pero decir que la industria tiene los recursos suficientes para impulsar al país y ponernos en el mapa de referencia a nivel siquiera de Centroamérica, sería irresponsable. Nos falta aún mucho por hacer en conocimiento, en tiempo, en recursos monetarios, pero especialmente en intención.

Este sector requiere que el capital de riesgo financie compañías a través de diferentes rondas, teniendo mayor paciencia en las utilidades y no diluyendo desde un inicio la participación accionaria de los fundadores. Esto es algo que escasamente se ve en el país y que desde ya nos crea una desventaja incluso en el desarrollo general.

Para los que trabajan en esta industria, devengar un salario mínimo no es siquiera una posibilidad. Una persona sin experiencia genera ingresos de por lo menos de una vez y media del salario mínimo vigente, lo que crea mejores condiciones para el colaborador y sus familias. Además del tema salarial, los productos y servicios que el sector le otorga al país en donde son desarrollados, traen un beneficio inmensurable: desde generación de aplicaciones de monitoreo de salud, donaciones a causas nobles, hasta la reducción del tráfico por realizar pagos y transferencias sin tener que visitar el lugar donde se debían realizar.

Pero invertir en esta industria no se trata solamente de capital. Las políticas públicas deben alinearse para incentivar el desarrollo al ritmo en que van otros países, no solamente Estados Unidos y la Unión Europea, sino nuestros vecinos también. El último Informe Anual del Índice de Desarrollo de la Banda Ancha publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, pone a Guatemala en el puesto 23 de 26 a nivel América Latina en dicha infraestructura. Por ello, empujar desde la inversión privada en software y hardware cobra aún mayor importancia. La oportunidad de incidencia y mejora es palpable y qué mejor que llegar en un momento oportuno en que se puede aportar a ese desarrollo que tanto necesita nuestro país como una oportunidad.

Hay muchos planetas alineándose para favorecer a los que se encuentran invirtiendo en este sector: la demanda de productos y servicios relacionados a la tecnología continúa creciendo a pasos agigantados. El hecho de que cada industria ha encontrado en la tecnología, un apoyo para diferentes usos y aplicaciones para solucionar necesidades básicas refuerza aún más que esto no es solamente una burbuja parecida a la de los 2000. Esto se trata definitivamente de una tendencia sostenida en la que el cielo es el límite y una idea acerca a cualquier emprendedor al cielo.

Ser parte de este sector es haber llegado en el tiempo correcto, listos para emprender el camino para buscar y encontrar el tan ansiado oro. En esta analogía, el oro es interminable a través de la innovación y la innovación solamente es alcanzada a través de la inversión mediante capital de riesgo. Definitivamente, el protagonismo de Guatemala en materia tecnológica dependerá de aquellos que apuesten por las personas que gritan “¡Eureka!” al encontrar su lugar como emprendedores.

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