Un giro a la derecha que exige reflexión

Por Mario Yon

Publicado 14/01/2018

La elección de Sebastián Piñera en Chile es signo de una tendencia que lleva un par de años: Latinoamérica está dando un giro político a la derecha. En los próximos dos años más de doce países latinoamericanos celebraremos elecciones de diferente naturaleza, esto podría profundizar el fenómeno. La derecha recupera lentamente espacio después de un periodo en donde el Socialismo del Siglo XXI ha dominado la política regional. Pero más que una celebración, este fenómeno demanda una seria reflexión de los ciudadanos, pensadores y partidos que se identifican de derecha.

La ola del Socialismo del Siglo XXI no solo fue un reordenamiento de muchas fuerzas de izquierda durante la década pasada, fue una profunda crítica a los gobiernos y élites derechistas que gobernaron buena parte de la década de los noventa. En muchos países los procesos de privatización no fueron percibidos como una mejora en las condiciones de vida, muchos partidos de derecha estaban embarrados en señalamientos de corrupción y en general amplios grupos sociales no se identificaban con la clase política del momento. La ola de populismo de izquierda politizó a segmentos sociales tradicionalmente desorganizados. La vieja derecha no pudo contener esta nueva ola de votantes y políticos que le echaban en cara su aparente fracaso y corrupción.

Irónicamente, después de tantos años en el gobierno la ola de izquierda se encuentra desgastada por los mismos motivos. Sus gobiernos enfrentan acusaciones de corrupción o autoritarismo. Muchos de los mismos votantes que los llevaron al poder ahora son críticos de los resultados de sus políticas de gobierno y sus métodos.

Es en este contexto que una nueva ola de propuestas de derecha recupera espacios políticos en cada elección. Pero la soberbia por parte de los nuevos gobernantes sería un grave y profundo error. En todo momento deben recordar que fue la corrupción, el fracaso de muchas políticas públicas y la desconexión con amplios sectores de la población lo que les alejó del poder por más de una década. Además hay que entender que el descontento con los populismos de izquierda no es permanente. Muchos de los votantes solo están votando por potenciales soluciones, no por una ideología, así como han cambiado su postura hoy lo pueden hacer mañana.

Ante esto, la nueva ola de derecha debe ser más reflexiva y no cometer los mismos errores. Solo soluciones concretas para la pobreza, corrupción, inseguridad e ingobernabilidad son las que asegurarán su continuación por periodos prolongados. A diferencia de la década pasada, ya no es posible mantener altos índices de aprobación por medio de políticas públicas pagadas por altos precios de commodities.

Por otro lado, la ola de derecha debe ser consciente que la verdadera defensa de la libertad y el individuo no está en las urnas, está en la defensa de las instituciones republicanas y democráticas. Esto significa dos cosas, por un lado denunciar los abusos autoritarios que amenazan a estas instituciones, vengan de donde vengan, coherencia. Denunciar los abusos en Venezuela también implica hacerlo por los de Honduras.

También significa fortalecer las instituciones que garantizan la libertad política. Reformas al sistema político, administrativo y judicial con este objetivo evitarán que en un futuro cualquier intento populista o autoritario pueda socavar el sistema republicano. En este sentido la ola de derecha puede encontrar aliados en todas las corrientes políticas comprometidas con un Estado republicano, democrático y funcional.

El giro en la región es una oportunidad para la derecha de tener éxito en donde ha fracasado, de tender puentes donde los ha obviado y sobre todo de crear las bases para el desarrollo y prosperidad en sus respectivos países.

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