LA AGENDA CPFE

En el universo de las siglas que se utilizan en el lenguaje social encontramos formulaciones desde las más ingeniosas hasta las más enrevesadas. Pasando por acrónimos que responden de manera alegórica al mensaje de agenda que se pretende  (como por ejemplo El método H.A.B.L.A para los cursos de hablar en público) hasta una colección de letras del abecedario que recogen las iniciales de ciertas palabras o conceptos que se busca posicionar (como es el caso de la agenda LBGT).  Pues bien, no me he resistido a entrar al juego de las palabras y los acrónimos y por ello quiero proponer, para el país, una agenda CPFE.

Cuando se propone una agenda social con siglas adheridas, uno supone que hay detrás de estas palabras, categorías sociales que tienen al menos tres características: que son grupos mayoritarios o que representan una porción importante de la población, que de alguna manera justifique el esfuerzo de presupuesto y de política pública;  que estos grupos han sido ciertamente invisibilizados; y finalmente que por su naturaleza sean particularmente vulnerables. Si aplicamos estos criterios pienso que la agenda CPFE tendría más razón y justificativo para llamar la atención de comunicadores, autoridades, legisladores y gobernantes que cualquiera otra agenda de las que hoy se promueven con tanto ahínco.  Pero dicho esto, quienes son los miembros de la comunidad CPFE?

Primeramente los Contribuyentes.  Los guatemaltecos que tributan mes a mes, que no son pocos y que tampoco tributan poca plata de su presupuesto personal y familiar. ¿Quién por ellos? Como se organizan y hacen saber su inconformidad con los trámites engorrosos, los abusos cometidos por funcionarios corruptos, las demandas legales injustificadas, el monto de los impuestos o la utilización de los recursos que salen de sus bolsillos? Para todos ellos, un acto de justicia sería crear, por ejemplo, la procuraduría del contribuyente.

Luego tenemos a los Propietarios. Ser dueño hoy es un reto. Dueño de una parcela, de un pequeño negocio, de una idea. No me refiero a cómo ayudar a un dueño a registrar su propiedad. Me refiero a una agenda que le permita sentirse seguro, que pueda hacerla crecer, que pueda acceder a más y mejores recursos para poder ser propietario cuando no lo es, que pueda disponer de su propiedad más libremente, que pueda heredarla sin complicaciones. El trabajo dignifica pero la propiedad es cualidad también de las personas libres.  Una agenda que revise y proponga acciones específicas cada uno de estos puntos sería una buena idea.

Igualmente importante para esta agenda lo es la Familia. Una agresiva y nefasta campaña para desarmarla (como ha ocurrido en nuestros tiempos y con ingentes recursos) debería tener como contrapartida una mayor campaña para protegerla y apoyarla. La familia es moral, social y constitucionalmente la base de la sociedad. Hay pocas voces que se preocupan por promover una política de vivienda orientada a que los nuevos hogares puedan comenzar con suelo propio.  ¿Quién por el ama de casa que ha tomado la decisión de cuidar su hogar, a sus hijos y al patrimonio familiar en forma distinta a la mujer profesional? ¿Dónde se pueden reclamar acciones que apoyen a las familias numerosas, que requieren de atención en recintos físicos, en el matriculado escolar o en el sistema de salud? El compromiso de largo plazo de hombre y mujer, de proteger la procreación y ofrecer alternativas de adopción a quienes hoy no pueden concebir son instrumentos sociales poderosos para hacer una mejor sociedad.

Por último y no menos importantes, las Empresas. Me da la impresión que muchos tomadores de decisiones ven a las empresas como si fueran parte obligada del paisaje. Como si estuvieran allí por añadidura o por obligación.  No es así. Las empresas requieren que se les faciliten entornos adecuados, que se les permita crecer, que puedan generar ingresos y utilidades, que se les de garantía que su talento y creatividad les permita después de pagar sus obligaciones laborales, el tener un ingreso que premie su riesgo. ¿Hay algún un indicador público que se divulgue sobre el cierre o apertura de nuevas empresas? ¿Medimos adecuadamente los tiempos de apertura y cierre de una empresa? ¿Alguien puede contestar cuánto dinero cuesta generar un empleo y cuánto perderlo? ¿Es más fácil hacer negocios hoy que ayer? Si la respuesta es no para varias de estas interrogantes hay un espacio importante de política pública sobre la cual actuar.

La próxima vez que alguien proponga en público apoyar una agenda con letras, preguntémonos qué significa cada letra, quiénes son los que forman parte de esa categoría, cuántos son y cuántas personas dependen de ellos, cuánto dan a la sociedad y qué ejemplos proveen.  Estoy seguro que vamos repensar donde poner nuestra atención y recursos, la de los medios de comunicación y la de los tomadores de decisiones.  Yo por mi parte, me decanto por la agenda CPFE.

CACIFRoberto Ardón