Y de momento… Jimmy se queda

Por Jonatan Lemus

Publicado 03/12/2017

En noviembre de 2015 publiqué una columna en este espacio titulada, Jimmy Morales un dolor de cabeza para los analistas. En ella, relaté cómo politólogos y analistas intuíamos que el ascenso de Morales en las encuestas no se concretaría en una victoria en las urnas. En ese artículo, argumenté que Morales había roto muchos de los paradigmas sobre las elecciones en Guatemala, y los estudiosos del tema no habíamos entendido correctamente lo que estaba sucediendo con el electorado
guatemalteco.

Lo mismo puedo decir ahora, a finales del 2017, luego que el presidente Morales sobrevivió una crisis política de enorme magnitud. En efecto, nadie esperaba la permanencia de Morales después de declarar persona non grata al comisionado Iván Velásquez. Entonces, ¿Cómo explicar la sobrevivencia política del presidente, a pesar de la decisión de expulsar al comisionado? A continuación me gustaría presentar algunas hipótesis, con el fin de abrir la discusión desde un punto de vista académico.

Una primera hipótesis la titularía como “error de cálculo”. Lo sucedido en 2015 permeó tanto el análisis político guatemalteco, que se esperaba una segunda versión de las manifestaciones ciudadanas durante la gestión del presidente Morales. Se asumía, erróneamente, que al ser acusado por CICIG y Ministerio Público por algún caso de corrupción, la ciudadanía saldría en masa a exigir la renuncia del presidente. Se pasó por alto el hecho que lo importante no es quién acusa, sino el caso en sí mismo. Los señalamientos por financiamiento electoral ilícito no se comparaban, a los ojos de muchos, con el caso La Línea por el que ahora guardan
prisión varios exfuncionarios.

Una segunda teoría está relacionada con los acontecimientos de la primera parte del año, en particular la discusión de reforma constitucional. Aunque existe interés de todos los sectores por modificar los procesos de nominación y selección de jueces y magistrados; la introducción del pluralismo jurídico y la creación del Consejo Nacional de Justicia, generó una polarización ideológica muy alta. A partir de ese momento, el consenso nacional de apoyo a CICIG y Ministerio Público se vio fracturado, y como consecuencia, su credibilidad
disminuyó en comparación al 2015.

En este sentido, una tercera posibilidad es la existencia de una “mayoría silenciosa” de apoyo al presidente. Al igual que en Estados Unidos con la elección de Trump, en Reino Unido con el brexit, y en Colombia con el referendo de Acuerdos de Paz, donde los ciudadanos no se atrevían a expresar públicamente su opinión en las encuestas; en Guatemala varios actores no manifestaban sus suspicacias sobre los incentivos detrás de los casos de corrupción. Como resultado, aunque en redes sociales parecía existir un rechazo al mandatario, en la práctica y en silencio, diversos actores se movilizaron para impedir la salida del presidente.

En ese sentido, la posición de actores internacionales, en particular Estados Unidos, ha sido fundamental para la sobrevivencia política de Morales. Desde la perspectiva estadounidense, la inestabilidad política en el Triángulo Norte genera altos costos para su política exterior. La incertidumbre ha tenido efectos en la imagen del país ante inversionistas, y esto podría repercutir en crisis económicas que aumenten la migración. Estas razones podrían explicar por qué se ha optado por respaldar al presidente, a pesar de la oposición de varios actores aliados de la Embajada en 2015.

Este espacio no es suficiente para desarrollar con mayor profundidad las variables para explicar el interesante fenómeno del presidente Morales. Un outsider que ha sobrevivido gracias al apoyo de actores políticos tradicionales, y cuyo futuro aún es incierto. Sin embargo, de momento, el presidente se queda, y muy probablemente estará brindando su informe de labores el 14 de enero de 2018 ante el Congreso. En resumen, dos años después de haber tomado posesión, Jimmy Morales sigue siendo un dolor de cabeza para los analistas.

CACIFJonatan Lemus