La nostalgia que habita la 14 avenida

Por Lesly Veliz

Publicado 26/11/2017

Casi todos los días paso por la 14 avenida de la zona 1. Ahí, entre la 4a. y 5a. calles se alza el único edificio en Guatemala que fue diseñado específicamente para que funcione una empresa periodística.

El GráficoSiglo21 y aldía imprimieron su historia y la del país tras sus muros. Del primero, muchos colegas comparten aún sus anécdotas de gloria periodística, y hablan del liderazgo que Jorge Carpio Nicolle ejerció, al punto de convertir a El Gráfico en un periódico de vanguardia.

El Gráfico empezó a morir con la incursión en la política de Carpio Nicolle; tras dejar de circular el medio, el edificio estuvo cerrado por mucho tiempo, hasta que Corporación de Noticias, S.A. llegó a desempolvarlo.

En enero de 2006 las cajas de cartón llenas de reportes, setentas (como le llamábamos a las pruebas de impresión), tazas para el café, libretas y cassettes eran lo primero que se veía al entrar a la Redacción. En noviembre y diciembre tocó empacar en el edificio Galerías España, en medio del bullicio de las fiestas navideñas y de los trabajos especiales de doble página que se encomendaba a los reporteros como una especie de “cuota” para descansar una semana a fin de año.

Cuando arrancaron formalmente las operaciones de Corporación de Noticias en zona 1, las primeras palabras de quien entonces era el Gerente General fueron: “Dicen por ahí que Siglo21está en la quiebra… pues bien, estamos tan de quiebra que estamos estrenando edificio. ¡Ánimo! Se vienen muchas cosas buenas”. La alocución concluyó en medio de las ovaciones y las risas, ya que para quienes trabajamos en Siglo21 se hizo costumbre escuchar cada cierto tiempo que iban a vender a X o Y persona o que ya había quebrado.

Y efectivamente, Siglo21 siempre estuvo en apuros financieros, pero, a pesar de todo, el personal siempre encontraba el mejor ánimo para enfrentar la situación y mantener la calidad periodística que se nos exigía y que caracterizó la mayor parte del tiempo a este medio de comunicación.

Una de las fortalezas de este medio era el nivel de compromiso que muchos reporteros tenían con su trabajo. La Redacción fue una verdadera escuela para varias generaciones de periodistas, pues abrió sus puertas a novatos que poco a poco fuimos formándonos con grandes aspiraciones.

Esas aspiraciones se vieron frustradas de golpe. De repente, la Redacción se vio reprimida por una censura nunca antes vista; se comprobó que durante muchos meses se nos había descontado la cuota del Seguro Social, pero esta nunca se pagó a la institución; los salarios se pagaban con varias semanas de atraso, e incluso se debían los servicios como la luz y el agua.

El colmo fue cuando, aún sin haber pagado aguinaldos y salarios, un equipo de mantenimiento llegó a pintar todo el edificio por dentro y por fuera.

Las causas de la crisis eran tan solo sospechas en un principio, pero las circunstancias y los hechos fueron abriéndonos los ojos poco a poco. La situación se volvió insostenible y muchos debimos cerrar el ciclo y buscar nuevos caminos; en mi caso, esto ocurrió en febrero de 2015. Mes tras mes, todo empeoró y el escándalo estalló. El resto, es historia…

Cada vez que veo ese edificio abandonado pienso en cómo se demuestra, una vez más, que el periodismo nunca debe convertirse en instrumento político; esto es, quizá, el resultado de la distorsión de la figura de poder que tiene un medio. El verdadero poder de un medio está en su capacidad de informar y formar con responsabilidad y no en el que falsamente se le ha atribuido como un búnker desde el que se lanzan misiles a quienes piensan distinto.

El mercado de medios en el país es muy limitado y Guatemala no puede ver mermada la oferta de medios de calidad, es por ello que cuando un medio cierra o pierde su esencia y credibilidad, la sociedad pierde.

El próximo 30 de noviembre se conmemora el Día del Periodista. Mis pensamientos esa fecha están con los colegas que perdieron algo más que un empleo en la debacle de Corporación de Noticias. Muchos están ahogados en deudas y sin trabajo, y peor aún, sin esperanza de aliviar su situación a corto plazo.

En cuanto al edificio de la 14 avenida, ojalá nuevamente abra sus puertas y se le dé el uso para el cual fue concebido y se sigan contando historias periodísticas de valor. Sería una pena que termine convertido en una oficina estatal.

 

CACIFLesly Veliz