Empresario del mes / septiembre 2016


 

Esaú Corzo

Arquitecto de la cultura
y el sabor de Sololá

Mientras camina por el parque central de Sololá hacia la Torre Centroamericana, Esaú Corzo saluda a quienes encuentra a su paso. Un hombre de mediana edad le estrecha la mano, mientras una mujer mayor, con una bolsa de compras, le hace un amistoso ademán. El joven empresario es una figura destacada en el departamento, cuyos pobladores se caracterizan por trabajar arduamente y emprender con entusiasmo.

Corzo, sin duda, es el reflejo de ello. A sus 31 años dirige cinco negocios, forjados con su propio esfuerzo. “Tuve que dejar Sololá para estudiar en Quetzaltenango, y después ir a la universidad en la ciudad capital. Me fui con idea de volver, porque quería invertir en la zona para devolverle a mi gente aunque sea un poco de todo lo que me ha dado”, indica.

Ese emprendimiento y la amabilidad en su trato con la gente, explica por qué los vecinos no dudan en acercarse para conversar con él, aunque sea brevemente. “Es muy satisfactorio hacer negocios aquí, en mi tierra. Este es un lugar privilegiado; no solo tenemos al lago más bello del mundo, sino también mucha historia, carisma y oportunidades”, dice.

Su inquietud por emprender empezó a los 6 años cuando vendía libretas hechas con retazos de papel de la litografía de su padre. “Aprendí a usar parte del equipo de la imprenta y me fue muy bien con las libretitas. Algunas compañeras me pedían que a las libretas les hiciera algún dibujo y ya por eso les cobraba como 10 centavos más”, recuerda.

Así descubrió dos pasiones que ha sabido combinar a lo largo de su vida: la arquitectura y los negocios. Obtuvo el título de Dibujo en Construcción en el Liceo Guatemala de Quetzaltenango, y posteriormente, se graduó de arquitecto de la Universidad de San Carlos, en la capital. Ahora estudia un MBA en la Universidad Mesoamericana, en Xela.

Su primera empresa es la constructora Construforza, con la que ha desarrollado proyectos habitacionales y comerciales; luego decidió apostarle al giro de negocios de los coffee shops, los cuales ha segmentado de acuerdo con los públicos a los que busca atender.

“Tengo un gusto particular por el café y me he propuesto mostrar a guatemaltecos y a extranjeros por qué estamos entre los primeros mejores del mundo en cuanto a calidad del grano”, explica, mientras muestra las instalaciones de La Galería, un local en el que da servicios de diseño, impresión y áreas para co-working, en Quetzaltenango.

En apoyo a otros emprendedores

“Siempre hubo personas que confiaron en mí desde joven. Somos muy soñadores, pero hay gente que nos baja de las nubes. Entonces, quiero crear condiciones para que el emprendedor tenga un espacio adecuado para trabajar; todos tenemos que apoyarnos y no hay que dejar que la iniciativa muera en el camino”, explica Corzo a la pregunta de por qué incursionar en espacios para trabajo colaborativo.

En La Galería es posible contar con centro de impresión, salas de reunión, mesas de trabajo, asesoría y café para acompañar los desvelos, entre otros servicios. “Guatemala va a prosperar si tenemos cada vez más empresarios”, comenta.

Corzo está convencido de la necesidad de alentar el emprendedurismo en el país. Él mismo debió sortear una serie de obstáculos para llegar adonde se encuentra ahora, desafiando, incluso, algunas dudas de su propia familia.

A sus 19 años confesó a sus padres que quería tener un tuc tuc. “Estás loco”, le dijeron y, sin percatarse, lo motivaron aún más de esta forma a comprar el vehículo para hacerlo rentable en su natal Sololá. “Esas dos palabras fueron el detonante de mi inclinación empresarial. Los comentarios pueden tomarse para bien o para mal, y yo lo tomé como un reto para mí. Ahorré para comprar el tuc tuc y yo mismo fui mi chofer, mientras estudiaba arquitectura. Venía los fines de semana para trabarlo en Sololá; es una lección de vida, porque en un principio salía a kilometrarlo muy tarde por la noche o muy temprano de la madrugada para que no me vieran, pero ahora entiendo que no hay mayor vergüenza que robar, y trabajar, siempre dignifica. Mi primer carro de agencia fue un tuc tuc y me siento orgulloso de haber puesto en marcha mi primer negocio”, dice, y agrega que el éxito fue tal, que sus padres invirtieron en la compra de más tuc tuc hasta tener una flotilla.

También en Quetzaltenango, en las instalaciones de la Universidad Mesoamericana, Corzo dirige UKapé, un rincón culinario para que, estudiantes y profesores, tengan a la mano una refacción o un buen café en sus ratos libres. “Tenemos ya tres años de poner a la orden nuestras ricas meriendas y café de calidad”, expresa mientras pasa al otro lado del mostrador, en la hora del receso universitario.

Quien ha acompañado a Corzo en estos desafíos empresariales ha sido su esposa, María Fernanda. También arquitecta de profesión, ha sabido sumar sus habilidades y dar un toque especial a los negocios, así como inspirar a su esposo con la complicidad de la pequeña Fiorella, la hija de ambos. El entusiasmo que tiene la pequeña con las alcancías y una caja registradora de juguete hace pensar que será una buena administradora de los negocios de sus padres. 

Rincón de historia y sabor

¿Por qué será que en Sololá se sufre tanto por querer a una mujer? Corzo parece tener la respuesta a esta pregunta… Solo hace falta tomarse un café en La Casa de don Memo, a una cuadra del parque central de la cabecera.

“Guillermo Fuentes es el autor de esta canción que forma parte de la cultura y herencia de los sololatecos y, por supuesto, del país. Esta fue su casa durante más de 80 años”, explica Esaú, mientras con orgullo muestra el interior del inmueble, restaurado por él mismo y convertido en un museo local. Mientras el visitante explora la historia de don Memo, sus composiciones y las tradiciones sololatecas, puede degustar smoothies, licuados, pizza elaborada en un horno a leña o pastas, entre otras variedades del menú. Una de sus especialidades es la pizza de Patín, el plato típico de Santiago Atitlán.

Así como don Memo, otros personajes emblemáticos de la localidad han quedado inmortalizados en este espacio gastronómico y cultural, lo que ha permitido que la tradición oral de los sololatecos se difunda en nuevas generaciones y en turistas extranjeros.

Es en la terraza de la Casa de don Memo, desde donde se aprecia la cúpula de la Catedral, donde Corzo confiesa qué le inspira a promover el desarrollo de su ciudad natal: “El amor a mi gente. Me siento más que orgulloso de ser sololateco y sueño con que todos tengamos mejores condiciones de vida”.

Activo en Cecoms

Un aliado importante en esa misión ha sido la Cámara Empresarial de Comercio y Servicios (Cecoms), de la cual es directivo. El emprendedor ha sido vicepresidente y presidente de la filial Sololá, desde donde han motivado la inversión en el departamento. Cada semana viaja a la capital para participar de las reuniones de Cecoms, donde ha encontrado coincidencias y grandes oportunidades al lado de otros empresarios como él.

“Cecoms, más que en un encuentro de empresarios, es una agrupación de amigos. Compartimos nuestras experiencias y es un lugar para aprender; hay personas muy experimentadas de quienes obtenemos consejos y apoyo para los proyectos”, señala.

Corzo también expresa su agrado porque la cámara ha abierto sus puertas a muchos empresarios jóvenes: “Invito a los emprendedores a que se agremien, porque quienes estamos ahí tenemos muchas cosas en común. Somos una agrupación que está en constante renovación”.