
La evolución y desarrollo de la democracia en Guatemala se ha producido a pesar que nuestra sociedad política carece de un sistema de partidos con grados de estabilidad e institucionalidad efectiva. Y en gran medida, las falencias y debilidades en materia de institucionalización del sistema político se derivan de la ausencia de un sistema consolidado de partidos políticos. En este sentido, valdría la pena replicar los preceptos enunciados por el politólogo norteamericano Samuel P. Huntington, en su obra “El orden político en las sociedades en cambio” (1968), en la cual concluye que el desarrollo de partidos políticos constituye un requisito previo para la estabilidad de los países en vías de modernización.
Numerosos estudios publicados por la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la Fundación Soros, el National Democratic Institute y la Asociación DOSES, han evidenciado que la fragmentación del sistema partidista, el transfuguismo edil y legislativo, el nacimiento y fallecimiento de partidos en torno a cada proceso electoral, y la carencia de preceptos ideológicos y procesos de formación política de cuadros constituyen los principales indicadores del pobre desempeño institucional de los partidos políticos en Guatemala.
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